Científicos hacen crecer patas de dinosaurio en huevos de gallina

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Una idea que cuesta quitarse de la cabeza es la de que los dinosaurios se extinguieron por completo. No es cierto que todos desapareciesen, algunos quedaron y evolucionaron hacia lo que hoy conocemos como aves. Pero claro, sufrieron un gran número de cambios. Uno de ellos se ha comprobado recientemente, y se explica en un artículo muy interesante.

Por ejemplo, en sus huesos. Los cambios fueron notables, demasiados para comentarlos todos. Pero uno, relativamente sencillo de entender, tuvo lugar en sus patas. La fíbula – lo que en mamíferos conocemos como peroné – cambió de manera notable. Se acortó y estilizó. O al menos esa es la hipótesis con la que se trabaja. Y claro, las hipótesis están para comprobarse.

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Pero ¿cómo se prueba un cambio evolutivo, que tuvo lugar a lo largo de millones de años? Para su artículo, un equipo de científicos de Chile diseñaron un experimento bastante elegante. Esencialmente, modificaron los genes de embriones de pollo durante sus primeras fases de desarrollo, para que dieran lugar a patas de dinosaurio en lugar de ave.

En realidad, el objetivo no era sólo hacer crecer un hueso de un animal extinto en otro que estuviese vivo. Lo que se pretendía era comprobar en qué cambiaba el desarrollo, y qué hacía que unos y otros fuesen distintos.

Antes de seguir, vamos a ver las diferencias. En fósiles de dinosaurios avianos, aquellos que están a medio camino entre los grandes reptiles y las aves modernas, la fíbula llega hasta el tobillo. El hueso tiene forma tubular, y es de la misma longitud que la tibia, el otro hueso de la pierna.

Antes de seguir, vamos a ver las diferencias. En fósiles de dinosaurios avianos, aquellos que están a medio camino entre los grandes reptiles y las aves modernas, la fíbula llega hasta el tobillo. El hueso tiene forma tubular, y es de la misma longitud que la tibia, el otro hueso de la pierna.

Así que el experimento demostraba claramente que un hueso de dinosaurio podía crecer en un ave, pero que las aves habían cambiado lo suficiente – más bien, lo bastante – como para que no se desarrollase por completo. Lo que probaría el origen de las aves en un grupo de dinosaurios, cada vez con menos dudas.

Por último, hay que comentar que ninguno de los embriones llegó a madurar. Ninguno alcanzó un estado de gestación suficiente como para que el huevo eclosionase, se abriese. Pero tampoco era ese el objetivo, en ningún momento se quiso tener pollos con patas de dinosaurio.


 

Crédito de la imagen superior: Graeme Campbell [Public domain], via Wikimedia Commons